-El tipo ése, Andy Goldsworth, me dejó con la boca abierta. No me importaría reencarnarme en algo así. -Si te reencarnas en él, búscame por favor. -Vale, pero y si tú te has reencarnado, no sé, ¿en una tortuga? -También.
Cuando todo a nuestro alrededor conspira contra nuestra dulce amarga tristeza. Cuando hasta el cesto de la ropa sucia parece escupirnos a la cara su estúpida felicidad.
Quieres que dejen de pronunciar tu nombre, quieres ser biodegradable como una bolsa de Ikea, como el esqueleto de un pájaro, como la hierba. Vete, enloquece, no sucumbas al chantaje.
Con los pies en la tierra. La tierra que cubre la cima de un monte. Un monte que cubre la niebla. La niebla que alimenta mi esperanza, que disipa mi temor.
Sabía que existía porque oí sus muchas voces muchas veces. Tantas veces tan cerca, pendiendo de su eco como un trapo de un tendedero. Al vacío, pensaba y pensaba en caer, siempre hacia abajo. Hoy levanté la vista, hoy lo he mirado a los ojos.