"Entonces empecé a pensar que la vida es siempre cosa de uno solo, como los sueños, como la muerte". Cierro el libro, bebo vino, respiro hondo, abro el libro. "Conocer a la gente es matarla". Creo que ya no necesitaré respirar hondo nunca más.
Cuando terminas una hermosísima novela en el bar del aeropuerto, cuya protagonista se llamaba Pi, y el tipo que almuerza en la mesa de al lado lleva un chándal de la marca "Trescatorce".