Mejor lo diré con palabras de José Luis Gallero: ¿Cuándo hemos sido felices? ¿De niños, en el prado solitario donde imaginábamos lo que sería nuestra vida? ¿Y cuántas veces hemos abandonado ese prado, en el que la vida se construye sin esfuerzo? ¿Y por qué lo abandonamos?
Todos siguen ahí, intactos, preguntándose (y yo con ellos) qué diantre hacía Dios antes de la creación, si la naturaleza observa el descanso dominical o qué voy a hacer hasta el momento de mi muerte.
Abro un catálogo de una de sus exposiciones y leo, escrito a mano, en la primera página: "Esperando nos encontremos no sé dónde. Junio 1996". Ojalá tuvieras razón, ojalá.
Pensar que la mano del hombre que ha recogido el lápiz que se te ha caído al suelo, en el ascensor, es la de un asesino. Mirar la mano que te entrega el lápiz, no dejar de mirar la mano, darle las gracias sin atreverte a mirarle a los ojos.
Hoy es el cumpleaños de mi padre y de Jesús Aguado. Desde que me he despertado no hago otra cosa que imaginármelos con Leopold Bloom, los tres en pijama, bebiendo Riesling y diciendo al unísono: ¡Qué grandes estamos esta mañana!
Que nada se interponga entre tú y tus sueños. Si las nubes no te dejan ver, extiende tu mano. Créeme, siempre habrá más eclipses que lunas, siempre habrá más sueños que eclipses.